lunes, 17 de agosto de 2026

La costumbre de dejarme para después

 


Hubo una época en la que yo confundía ser bueno con estar siempre disponible.

Creía que si entendía todo, si acompañaba todo, si no molestaba, si no pedía demasiado, entonces iba a ser más fácil quererme.

No lo pensaba con esas palabras, claro. Lo puedo ver de esta manera recién ahora, una vez que aprendí a decir NO.

Uno no se dice: “me voy a abandonar para que me amen”.

Simplemente lo hace.

Dice que sí.
Espera.
Comprende.
Aguanta.
Se adapta.
Se convence de que no pasa nada.

Hasta que un día empieza a pasar.

Pasa en el cuerpo con síntomas.
Pasa en el cansancio.
Pasa en el enojo acumulado.
Pasa en esa sensación de estar viviendo relaciones donde uno está, pero no está entero.

Pasa en una vida que va pasando sin tener mucho sentido.

Y ahí empieza una pregunta difícil:

¿Cuántas veces llamé amor a una vieja costumbre de sobrevivir emocionalmente?

Porque muchas veces no nos abandonamos porque sí.
Nos abandonamos porque alguna vez aprendimos que eso nos daba lugar, de que eso nos había resultado para recibir cariño, atención, amor.

En la familia.
En la infancia.
En vínculos donde pedir era demasiado.
En historias donde ser amado implicaba adaptarse.

Pero crecer también es revisar esas formas.

No para culpar a nadie.
No para vivir mirando atrás.
Sino para entender de dónde viene esa parte nuestra que todavía cree que amar significa desaparecer un poco.

Hoy lo pienso así:

Cada vez que me escucho, vuelvo.
Cada vez que digo una verdad, vuelvo.
Cada vez que dejo de traicionarme para sostener una imagen, vuelvo.

Cada vez que me pregunto que quiero, y me atrevo a hacerlo, no solo estoy volviendo a mí... me estoy validando, respetando, queriendo, atendiendo, cuidándome. Y todo eso que creí que solo tenía si desaparecía, hoy me doy cuenta que me lo puedo dar. Y eso es maravilloso !!

Y quizás sanar sea eso.

Dejar de postergarme para merecer amor, sabiendo que es mi deber cuidarme estando solo donde deseo estar.


Oscar Gananopulo.
Consultor Psicológico.



jueves, 6 de agosto de 2026

Tu valor no depende de cuánto te elijan


En los vínculos afectivos es frecuente que una persona comience a medir su valor personal a partir de la respuesta del otro. 

Un mensaje, un silencio, una duda o una ausencia pueden activar una pregunta dolorosa: “¿no soy suficiente?”.

Sin embargo, que alguien no pueda elegirnos no significa que no valgamos. Puede hablar de su disponibilidad, de su momento personal, de su historia, de sus miedos o simplemente de la falta de encuentro. Pero cuando hay una herida de valor personal en mí, la conducta del otro se transforma en una sentencia sobre mí mismo.

Ahí aparece una forma de dependencia emocional: si el otro responde, respiro; Si no responde, me caigo. La autoestima queda puesta afuera. El vínculo deja ser un encuentro y se convierte en una prueba permanente de valor.

El origen de esta conducta es aprendida totalmente en temprana edad, por eso es conveniente no vernos a nosotros mismos descalificadamente.  Pequeños traumas nos van armando en la vida, sobre todo los traumas de apego. Esta conducta tan dependiente es, entre otras causas, derivada de apegos no resueltos satisfactoriamente cuando comenzamos a ser mas autónomos. Y así como la aprendimos, así también hoy disponemos de diferentes recursos para comenzar a disolver esta postura ante las relaciones

El trabajo interno consiste en recuperar al eje. No se trata de negar el deseo, ni de actuar indiferencia. Se trata de poder preguntarse: “¿quiero conectar o quiero calmar mi ansiedad?”, “¿esta relación me expande o me achica?”, “¿estoy eligiendo o estoy intentando que me elijan?”.

La reciprocidad no se mendiga. Se observa. Y cuando no hay claridad, cuidado o presencia suficiente, también es necesario revisar qué parte de uno sigue esperando ser elegida aun a costa de su dignidad.

Tu valor no baja porque alguien no sepa elegirte. A veces, simplemente, ahí no hay encuentro suficiente.


Oscar Gananopulo.
Consultor Psicológico.

martes, 7 de julio de 2026

Transformación personal: no se trata de cambiar quién sos, sino de ordenar lo que te pasa


Muchas personas llegan a un proceso de ayuda diciendo: “quiero cambiar”. Pero muchas veces, detrás de esa frase, hay una idea dolorosa: “hay algo mal en mí”.

Y también existe una condición inconsciente que muy poco se tiene en cuenta: de la manera que hoy "estoy siendo" lo he tomado como parte de mi identidad, y cambiarlo sería similar a renunciar a una parte de mí... y con eso voy a tener que hacer un duelo, con la incertidumbre y pesar que puede traer.

Desde una mirada humanista, la transformación personal no consiste en destruir partes de uno mismo, sino en comprenderlas, ordenarlas e integrarlas. Muchas conductas que hoy generan conflicto alguna vez fueron intentos de protección. 


La ansiedad pudo haber intentado anticipar un peligro. 

El control pudo haber buscado seguridad. 

El enojo pudo haber defendido un límite. 

La necesidad de aprobación pudo haber buscado pertenencia.

¿Has pensado alguna vez esas emociones desde esta manera?


El problema no es que esas partes existan. El problema aparece cuando siguen dirigiendo la vida adulta desde heridas no resueltas, y nos hemos convencido no tener la capacidad de una elección consciente de nuestras reacciones.

Por eso, transformar no es actuar distinto por fuerza de voluntad. Es aprender a registrar qué se activa, distinguir qué pertenece al presente y qué viene del pasado, recuperar energía personal y elegir una respuesta nueva.

En mi forma de trabajo, este proceso puede pensarse como un camino de orden interno: percibirse, registrarse, ordenarse, recuperar potencia, integrarse y construir dirección futura elegida. A este proceso lo llamo Mi método PROPIO.

No se trata de negar la historia. Tampoco de quedarse atrapado en ella. Se trata de poder decir: “esto me pasó, me marcó, pero no tiene por qué seguir decidiendo por mí”.

La transformación profunda empieza cuando dejamos de atacarnos y comenzamos a escucharnos con honestidad.

Tu historia no se borra.
Se ordena, se integra y se transforma.


Oscar Gananopulo.
Consultor Psicológico.

martes, 16 de junio de 2026

TRAUMA. Cuando una situación te bloquea más de lo que imaginas




No todo bloqueo es falta de voluntad. A veces hay una experiencia emocional sin resultado que todavía sigue actuando dentro de ti.

Hay situaciones que vistas desde afuera pueden parecer “no tan graves”, pero que por dentro dejan una marca profunda. Una palabra, una pérdida, una traición, un abandono, una humillación o una experiencia de miedo pueden quedar registradas en el cuerpo y en la emoción como algo que todavía no terminó.

El trauma no siempre grita

Muchas veces no aparece como una gran escena dramática. Puede manifestarse de formas más silenciosas:

dificultad para confiar, miedo a avanzar, necesidad de controlar todo, reacciones desmedidas, bloqueo ante ciertas decisiones o una sensación interna de estar atrapado en algo que racionalmente ya entendiste.

Y ahí suele aparecer una confusión muy común: creer que si ya lo entendiste, ya debería estar resuelto.

Pero no siempre funciona así.

La mente puede comprender una situación mientras el cuerpo y la emoción siguen reaccionando como si el peligro todavía estuviera presente.

Escuchar lo que todavía duele

Sanar no es solamente “darse cuenta”. También es aprender a registrar qué pasa internamente cuando una experiencia vieja se activa en el presente.

El cuerpo habla.
La emoción habla.
Tus reacciones también hablan.

Cuando empezamos a escucharlas, dejamos de pelearnos con lo que nos pasa y comenzamos a comprenderlo.

Una situación bloqueada no define quién sos, pero sí puede estar condicionando tus decisiones, tus vínculos y tu manera de vivir.

Mirarla con honestidad no te debilita. Al contrario: puede ser el primer paso para recuperar la dirección.

No se trata de volver al pasado para quedarse ahí. Se trata de reconocer qué quedó abierto, qué necesita ser ordenado y qué parte de vos todavía espera una respuesta más amorosa, más consciente y más adulta. Se trata de cerrar lo que quedó abierto y desordenado de lo vivido.

A veces, el cambio empieza cuando dejamos de exigirnos funcionar y empezamos a escucharnos de verdad.

Ordenar lo que te pasa en tu interior es el puntapié inicial.


Oscar Gananopulo.
Consultor Psicológico.





martes, 27 de junio de 2023

Las 4 etapas de la evolución Personal

 


Mas allá de la evolución emocional alcanzada en la adultez, todos hemos nacido muy biológicos,  ya que solo unos pocos elegidos nacen con una madurez y claridad evolutiva alta. 

Si no sos de ellos, tal vez esta nota es para vos.

Desde la mirada de la psicología humanística podemos inferir una comparativa de evolución emocional muy interesante...

Etapa 1- Hacer en automático y en inconsciencia muchas veces:
Comenzamos nuestra vida en la niñez muy influenciados por el medio en el que estamos y desde ahí vamos elaboramos nuestra personalidad, rasgos, sesgos, conductas y creencias. Todo eso aprendido nos habla de como nos relacionamos con la vida. Y así entramos en la adolescencia y nos convertimos en un adulto joven, época donde logramos tener la fuerza necesaria para decidir por nuestra cuenta pero también, momentos donde nos duele la vida.

Etapa 2- Comienzo a cuestionarme lo que me sucede:
En el desarrollo de mi existencia, poco a poco me voy dando cuenta que algunas situaciones se me repiten nuevamente aunque no las desee, que a veces pongo empeño en lograr algo pero no llego a sentirme exitoso, que a veces me siento menos que otros, o que me enoja sin sentido diferentes situaciones, o que alguna situación vivida me ha dejado una herida emocional que me duele.

Etapa 3- Investigo, aprendo y conformo una nueva comprensión:
Es aquí donde comienzo a leer un libro, o veo en las redes comentarios esclarecedores, o realizo alguna terapia que me explica lo que me va sucediendo, o participo de un taller para solucionar situaciones bloqueantes. Poco a poco me voy dando cuenta que a mi vida la puedo comprender desde otro lado, un lado más sencillo, placentero, pacífico y completo a la vez.

Etapa 4- Despertar de la conciencia
Comienzo a entrar en contacto con mi interior, con lo que me sucede, con mis emociones y pensamientos mas íntimos,  empiezo a sostenerme, a consolarme y a aprender a encontrar no solo un sentido diferente a lo que vivo, sino a sanar heridas pasadas. El descubrir mi potencial interno ha ocupado el tiempo donde antes lo ocupaba la queja. Las ganas de vivir ha ocupado mis días donde antes sentía pesadez. Cada día es un aprender a ser feliz !!!

Cuando despertamos nuestra consciencia siempre aparecen de alguna forma guías que nos facilitan. Profesionales del desarrollo personal, terapeutas alternativos, personas que nos sugieren posibles acciones y toda circunstancia que nos posibilite entrar en contacto con nuestro interior.


Oscar Gananopulo.
Consultor Psicológico.

sábado, 10 de junio de 2023

Despertar de la conciencia

 
Hoy en día se escucha mucho este concepto. 
Desde una simple charla casual hasta desde una sugerencia espiritual.

Pero, cuál es tu entender al respecto?

Por mi parte, creo que cuando la conciencia propia se despierta la vida comienza a percibirse como un lugar diferente al que teníamos antes, se genera un cambio de percepción masivo.

Por qué?

Cuando una persona nace,  y si al ir creciendo  no se cuestiona nada referente a su ser interior (para que se vive?, cuál es el motivo de la existencia?) mecanismos muy biológicos comienzan a tomar cada vez mas fuerza. Nuestro ego nos dirige, porque justamente él es el encargado de que sobrevivamos, de que seamos un individuo delimitado y protegido dentro de un mundo de manadas. Luchar por el poder, separarme del otro, esquilmar los recursos, utilizar, manipular son todos mecanismos utilizados normalmente por esta regulación biológica ya que en el ser humano, su psiquis desea y también desea satisfacerse.
Ahora bien,  cuando nos preguntamos sobre hechos existenciales, comienza a aparecer una parte nuestra que es como si nos mirara desde afuera a nosotros y al mundo y nos hiciera tales preguntas que nos llevaran a una amplitud de nuestro ser (como ayudás a los demás?, se puede compartir?, cómo trabajar cooperativamente?, como dar sin recibir?, que querés en tu vida?,) y es ahí donde nuestra conciencia propia nace, y en la medida que nos desarrollamos de esta manera nos vamos alejando del modelo biológico, mas animal, mas egoico,  para vivir la vida desde el ser consciente de lo que elijo y porqué. 
Esto lleva al no sufrimiento, porque hasta en los momentos de dolor , los puedo transformar en oportunidades de aprendizaje consciente. Surge en nosotros la pregunta del Para qué...(Para qué esto me pasa?, para qué vivo?)

Te invito a que chequees en tu vida si esto te sucede, o te ha sucedido.


Oscar Gananopulo.
Consultor Psicológico.

domingo, 21 de mayo de 2023

Conectar con nosotros mismos

 



Conectar con nosotros mismos es lo que el mundo budista llama Mindfulness.
Significa poder sostener eso que me está pasando en mi interioridad, en mis pensamientos, en mis emociones, sin la necesidad de hacer nada, solo sostenerlo.
Porque cuando sostengo la tristeza, o cuando sostengo el desagrado, o cuando sostengo la alegría comienzo a tomar conciencia de aquello que lo genera.
Y realmente, existe una sabiduría enorme en mi cuerpo y en mi mente, de tal forma que comienza a conectarme con información que me permite ir gestionando emocionalmente eso que me sucede para, con sabiduría y virtud personal, tomar la elección que más satisfactoria es para la vida que quiero, y que estoy eligiendo.
Muchas veces creemos que necesitamos hablar mucho sobre lo que nos sucede, o de que deberíamos hacer no se qué cosa compleja.
Más no es así, nuestra biología es tan sabia como adaptativa al mundo que vivimos y posee canales de sanación autoregulados, solo necesitamos darle la oportunidad para que actúe.

Oscar Gananopulo.
Consultor Psicológico.